"La mexicanidad: fiesta y rito", de Leonardo Da Jandra

Escrito por  El Jolgorio Cultural
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13/VII/2012, Oaxaca, Oax. De norte a sur, el país está habitado por un sinfín de grupos humanos disímiles entre sí. Sus características actuales son productos de siglos de configuración, donde intervinieron varias raíces. En sus largos andares han creado y recogido aspectos fundamentales en la construcción de sus raíces. Al mismo tiempo, se adaptan a la realidad global, altamente homogeneizadora. México es uno de los países más pluriculturales del orbe. Pero dentro de toda esta diversidad, ¿se puede hablar de una identidad nacional? Los argumentos son también muy variados y objeto de largas discusiones.

Durante la presentación en el Centro Académico y Cultural San Pablo del libro La Mexicanidad: fiesta y rito de Leonardo Da Jandra, el autor acompañado, de su colega Heriberto Yépez, polemizó sobre el tema de la identidad. Mencionó su discordancia con lo propuesto por Guillermo Bonfil Batalla, quien clasifica al país en el México Imaginario y el Profundo, este último representado por las etnias indígenas. “Ese indigenismo puro es una entelequia, la pureza es una degradación, lo determinante no es la genética, es la cultura”, dijo, considerando que un individuo criado con mayor libertad en su pensar y actuar tiene más posibilidades de hacer frente al mundo, y por ende, de sobrevivir.

Para Da Jandra, los mexicanos radicados en Estados Unidos son dignos representantes de la formación de identidad y la lucha por ella. A diferencia de Cuba, que ha mandado al vecino del norte doctores, ingenieros, maestros y otros profesionistas, México “expulsa la fuerza que está relacionada con la naturaleza, con la vida”. Esto tiene gran importancia para el escritor, pues “ese contacto con lo sagrado es la nucleohistoria, donde están las fiestas, los ritos, las costumbres, las tradiciones. Eso es invencible para cualquier cultura progresista”. Así, dicha comunidad “está triunfando porque es una cultura relacionada con lo sagrado y con la adversidad”.

México, en su opinión, aventaja en este aspecto a los llamados países del primer mundo, pues tienen basamento casi sólo en lo presente. “La tecnología no da identidad, la tecnología tiene que ver con cosas y las cosas terminan cosificando al individuo, lo que da identidad es lo que va a lo más profundo del ser”. Como ejemplo, toma nuevamente a los Estados Unidos, “un angloamericano no puede tener las mismas preocupaciones de un mexicano porque ellos no tienen pasado, no hay pasado, es una cultura que se improvisó de un presente para adelante, por eso son genuinos productores de ciencia ficción”.


“Los imperios se colapsan desde adentro, el imperio angloamericano ha colapsado como modelo civilizador, no necesitamos un nuevo modelo ideológico, y cuando los modelos colapsan como le pasó a Grecia y Roma, son las oleadas barbáricas las que llevan la voluntad, y México tiene esa voluntad. Hay una voluntad de ser, de sacrificarse, de luchar”. No obstante, se han cometido errores tanto en la teoría como en la praxis, “toda imitación es una degradación, eso hemos hecho en México, degradar ideas que pertenecían a otra determinación espacio temporal, a otra determinación histórica”, así, se aplican modelos no pensados para la realidad nacional.

“Somos nosotros los que tenemos que cambiar, y la única manera para mí es la cultura. No necesitamos cárceles, necesitamos bibliotecas, necesitamos que los jóvenes en lugar de ir a los antros se relacionen con el conocimiento”, propone como solución de fondo a varios problemas.

La visión de Da Jandra enriquece lo que para Yépez es una nueva ciencia, dedicada a la indagación de la identidad mexicana, el libro se relaciona con otros como El laberinto de la soledad, de Octavio Paz. Mas, dice Yépez, no es una obra literaria, sino que se ciñe a un plausible rumbo que responde a la revelación de los aspectos más profundos de nuestra sociedad.
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